jueves, 12 de septiembre de 2013


Camino al Corazón
                                        Fe.



La fe es el primer paso en esta transformación, porque es un conocimiento que conoce
sin imágenes ni representación, mediante una amante identificación con el Dios vivo en
la oscuridad.
La fe no llega al entendimiento mediante los sentidos, sino por una luz infundida
directamente por Dios. Como esta luz no pasa por los ojos, ni la imaginación, ni la
razón, su certidumbre se convierte en nuestra propia certidumbre sin ningún vestido de
apariencia creada, sin ninguna semejanza que pueda ser imaginada o descrita. Es cierto
que el lenguaje del articulo de fe al cual asentimos representa cosas que pueden
imaginarse, pero al imaginarlas las concebimos mal y tendemos a extraviarnos. En
último término no podemos imaginar la conexión entre los dos términos de la
proposición: “En Dios hay tres Personas y una Naturaleza.” Y sería un gran error el
intentarlo.
Si crees, si haces un simple acto de sumisión a la autoridad de Dios que propone un
artículo de la fe externamente mediante su Iglesia, recibes el don (la fina luz interior que
es tan simple que desafía la descripción y tan pura que sería grosero llamarla
experiencia. Pero es una luz verdadera, que perfecciona el entendimiento del hombre
con una perfección que está mucho más allá de la ciencia.
La misma oscuridad de la fe es argumento en favor de su perfección. Es oscuridad
para nuestras mentes por lo mucho que trasciende su debilidad. Cuanto más perfecta es
la fe, tanto más oscura se vuelve. Cuanto más próximos nos hallamos a Dios, tanto
menos se diluye nuestra fe con la media luz de las imágenes y conceptos creados.
Nuestra certidumbre aumenta con esta oscuridad, pero no sin angustia y aun serias
dudas, porque no hallamos fácil el subsistir en un vacío en el que nuestras facultades
naturales no tienen ningún punto propio de apoyo. Y es en la más honda oscuridad
donde poseemos a Dios más plenamente en la tierra, porque entonces nuestro espíritu se
halla más verdaderamente libertado de las débiles luces creadas que son oscuridad en
comparación con Él; es entonces cuando nos llena Su infinita Luz, que es pura
oscuridad para nosotros.
En esta máxima perfección de la fe el infinito Dios mismo se convierte en la Luz del
alma oscurecida y la posee enteramente con Su Verdad. Y en este inexplicable momento
la noche más profunda se torna día y la fe se torna comprensión.

Thomas Merton.




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